SS

When you look with your eyes

Everything seems nice

But if you look twice

You can see it’s all lies

Lily Allen-LDN

Soy donostiarra, y aunque ya no vivo allí suelo tener a bien, cuando me acuerdo, ver el 20 de enero la izada de bandera de ése nuestro rito pequeñoburgués llamado Tamborrada, con el cual celebramos San Sebastián como patrón e incluso como icono gay. Una fiesta patronal de un día, vamos, un desfase, como todo en San Sebastián (JE). Uno de los testimonios que más me impactó este año fue el de Ernesto Gasco (que en su día fue concejal y que ahora mismo ignoro si lo sigue siendo), afirmando que el día de San Sebastián es el día en el que “los donostiarras más ligamos” y en el que más “nos abrimos”. Todo esto, por supuesto, ya con unas copas encima, fruto posiblemente de la victoria de la Real sobre el Barcelona en Anoeta;  porque de otra manera eso es INAFIRMABLE e incluso fuente de repulsa. Además ayer apareció este estupendo artículo en Norma Jean, muchísimo más ajustado a la realidad que las palabras de Gasco.

Cada vez que reflexiono acerca de cómo socializamos en el País Vasco siento que pierdo el tiempo, que hay algo, un ente, más allá de la costumbre, que nos hace ser tan MONGOLOS, pero cuya existencia se nos escapa. Algo que no sé qué es y que lo condiciona todo. Porque sí, empezamos echándonos unas risas con los sketches de Vaya Semanita, pero lo cierto es que los vascos sólo hablamos de este tema cuando no estamos entre nosotros, y se lo exponemos a gente de otros lugares entre el cachondeo y la angustia. Y diría que de todos los lugares del País Vasco, Gipuzkoa, y en concreto San Sebastián, es el LUGAR CON MAYÚSCULAS para experimentar esa represión (y no me refiero al terreno afectivo, sino en el mismo terreno de las amistades, de la gente que te tiene que apoyar más o menos siempre) carlistona y jesuítica, que lo mismo se da en colegios ingleses de pago que en ikastolas de barrio famosas por ser cantera de la kale borroka o similares. San Sebastián es esa ciudad que cuando crees que le has tomado la medida se cachondea de ti jugando a ser lo que no es, y tienes que volver a intentar entenderla. Quiere ser lo que es pero también otra cosa, y algo no le deja. Adorable para el visitante, insufrible para el que duda de ella.

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Fiestas patronales en invierno y de un día de duración. No vaya a ser que alguien ligue.

De hecho el otro día, viendo un documental sobre el productor Elías Querejeta por fin, encontré verbalizado de un modo que yo no había conseguido, lo que es el origen de todo vínculo social en San Sebastián. Refiriéndose a la película ‘27 horas’, el productor recordaba su paso como docente en un instituto de Rentería y su decisión final de ambientar el film en la capital guipuzcoana por algo así como que “es una ciudad de cara amable en la que ese tipo de problemas (refiriéndose al galopante consumo de heroína) parece que no existen”. Y así creces, en mi caso viendo la Bahía de La Concha desde el patio del colegio, pensando que cómo demonios va a vivir alguien en un lugar mejor que ése, pensando que no hay demasiados motivos para sufrir, si aquí la gente viste bien y come bien y tiene buenos sueldos, qué va a pasar. Tú has nacido para ser feliz aquí y pasar ya todo lo que te queda de vida en esta burbuja, no me digas que no has tenido suerte.

Yo hubiera sido una niña perfectamente normal en casi cualquier lugar del mundo, pero claro, en San Sebastián no. Ir a un colegio más bien pijo y vivir en un barrio más bien borroka y además ser un poco bakala era bastante esquizofrénico. Tú tienes buenas notas, no puedes ser TAN AMIGA de ésa, porque a esa le han quedado cuatro. Pero claro, tampoco puedes entrar en el grupo de ESAS SEIS  porque SON ALTAS y además saben leer un pentagrama, y tú tienes que poner el nombre de las notas con letra, debajo, contando las líneas, porque si no no sabes leerlo. Y además en gimnasia siempre haces trampa, pequeña corrupta. Y eso que a mí me parecía tan natural, que era juntarme con la gente que honestamente me caía mejor a pesar de que me echaran de clase infinidad de veces por su culpa, en vez de con aquellas cuyas calificaciones más se parecían a las mías; no era demasiado ‘lógico’ en los esquemas educativos de la Bella Easo. Me di cuenta muchos años después de que era impensable que alguien con buenas notas se quejara, cuestionara nada. No podían entender que yo hablara con la otra esquina de mi clase porque, cabrones, habéis sentado a mi amiga donde yo no puedo dirigirme a ella y quiero SU TIPEX y no el de la rubia ésta mongola de los pantalones Lois (y sí, nos lanzábamos el tipex, o lo que fuera, en diagonal, sobrevolando temerariamente las cabezas de media clase). No digo ya quejarse de malas formas, sino simplemente decir que algo no te parecía bien o que a lo mejor debía de hacerse de otra manera.

Y entonces llamaban alarmados a tu casa: “Es que protesta mucho”, “Es que se ríe demasiado”. Dejando caer que quejarte debía ser un motivo de preocupación para tu familia. “Se nos echa a perder”. No estás siendo buena chica. No estás siendo lo que tus notas dicen que tienes que ser. Como si tu madre tuviera todo el tiempo del mundo para perderlo en gilipolleces y dolores de cabeza gratuitos. Como si hubieras delinquido. Eh, dedícate a ser de San Sebastián. Sal de cantinera en la Tamborrada. No hables con los borrokas de tu barrio. Quédate en esta endogamia insoportable que encontrarás algo en una cooperativa, seguro. Estudia Derecho. Pero eso sí, todo con poco odio, todo decidiéndolo por ti con mucho cariño. El donostiarra estándar acepta de buen grado lo que conlleva ser “un buen donostiarra”, y San Sebastián no es un sitio especialmente cruel si uno se deja llevar por esa superestructura perpetua que decide lo que es mejor para ti: la cuadrilla. Aunque debe de haber un ente superior a la cuadrilla, como una especie de Bildeberg de las cuadrillas, que permite que esta figura ASFIXIANTE siga adelante en el ritual social.

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Cosa muy de señora de San Sebastián de toda la vida: llevar la cadenita de oro con la barandilla de La Concha para denotar tu estátus social en el Infraebro.

Mis grupos de amigas (nunca tuve una cuadrilla como tal) no excedían las 4-5 personas, y ocasionalmente –si mis amigas más amigas no salían o no estaban- me acoplaba en otras cuadrillas con las que tenía una o dos amigas en común que se encargaban concienzudamente de recordarme que no pertenecía allí. Que vienes a Madalenas de Rentería pero porque te dejamos. Que eso que estaba haciendo era RARÍSIMO, que cómo vas a salir con gente que no es de tu cuadrilla. Va a venir Odón Elorza y te va a desempadronar si sigues así. Hay sistemas de check and balance en algunas democracias avanzadas más laxos que los rituales de algunas cuadrillas. Esas cuadrillas forjadas desde los cuatro años hasta la muerte. Tu vida pasando delante de la mirada de EXACTAMENTE LA MISMA GENTE de aquí hasta que fallezcas, con los mismos ritos, los mismos Santotomases, los mismos “salir hasta más allá de las tres de la mañana significa el desfase padre”, las mismas bodas, los mismos embarazos, tus hijos serán amigos de mis hijos, esto lo sabemos VEINTE AÑOS ANTES, los mismos udalekus de la Diputación, el mismo bote (beber todos lo mismo, tu individualidad violada por una horda de veinte personas que dice que tienes que beber cerveza cuando lo que te apetece es Santa Teresa Cola), las mismas expectativas para todos los miembros de la cuadrilla en un clima de falsísima igualdad (porque siempre hay liderazgos, nunca autoritarios, sino muy muy sibilinos). En fin: cero intimidad, los mismos ojos puestos en tu nuca durante años y años. Una vida sin compartimentos estancos. Yo entiendo que el mundo actual está lleno de incertidumbres, pero lo de someterse a esta Stasi social me ha parecido siempre de locos. Nadie baja sólo a la calle, nadie va sólo al cine. No puedes ser el único de tu grupo de TREINTA al que le guste un tipo de música, porque claro, te tiene que gustar lo que a la mayoría para poder ir TODOS JUNTOS al concierto de no sé quién, y si no eres raro y se produce una marginación, eso sí, muy muy educada. El acoso amable de tus iguales. Mi recuerdo especialmente kafkiano era que en la playa la gente se coloca por colegios. Es impensable, por ejemplo, que nadie de Marianistas fuera a la playa de Ondarreta, porque los de Marianistas van a la Concha. También es impensable que alguien de ikastola vaya a La Concha. Por supuesto, jamás  interactuarán a no ser que a alguno se le haya escapado un balón de fútbol. Mis 3-4 amigas éramos de ir a Ondarreta, por la sencilla razón de que la mayoría vivía más cerca. Siempre traté de sobrevivir intentando simplificar este tipo de situaciones porque si no, TELA.

El donostiarra tiene prohibidísimo zozobrar. Porque esa mirada social que decía arriba y que es la que le impide naufragar (falacia muy aceptada: “la cuadrilla te da seguridad”) es la misma que le impide hacer nada innovador en lo personal. Haz algo socialmente reconocido, pero que no se diferencie demasiado. Al contrario que en otros sitios, no es un tema de envidias ni nada por el estilo, sino el deseo de mantener una falsa cohesión que nunca he entendido demasiado bien. Los cambios que puedes hacer en tu vida tienen un margen de maniobra minúsculo, y a veces se limitan a tu flequillo (mírese la bancada de la izquierda abertzale de cualquier ayuntamiento o parlamento). Si los cambios son exagerados, nadie los va a criticar abiertamente, pero les parecerán ‘raros’, les parecerá que no responden a nuestra esencia o alguna pollada por el estilo. Mirado con perspectiva, todavía hoy me parece acojonante haber aguantado 12 años en el mismo colegio, teniendo en cuenta que cada año me llevaba mejor con una gente distinta, que nunca me llevaba bien del todo con nadie, que cambiaba de actividades extraescolares como de amigas, que me cansaba de todo y que quería cosas nuevas día sí y día también y que leía la SuperPop para reírme de mis compañeras, que se tomaban sus tests muy en serio. La constancia necesaria para llevar una vida donostiarra no es mi característica más acentuada y yo ya intuía que cuando fuera mayor no podría vivir ahí porque no podría tener un noviazgo de diez años y ese tipo de cosas.

Y esto no es nada político: aplica igual a cualquiera de los lados de esa dicotomía pijos vs. borrokas, felizmente superada gracias a que Bildu tiene la alcaldía, ostentada por  un señor cuyo barrio, Igeldo, quiere independizarse de San Sebastián. Que sí, que hay barrios que quieren no ser donostiarras, como Altza, yo no sé si para montar su propio Gran Hermano social o porque como todos sabemos, el 70% de los altzatarras tienen ascendencia en Miajadas o la comarca de La Serena y copan las juntas directivas de los centros extremeños y quieren parecerse más a ese modelo. Yo reto a las chicas de San Sebastián a que se metan una noche de Semana Grande en cualquier bar de Ikatz Kalea (para los foráneos, nuestra calle batasuna por excelencia) y finjan ser del tercio sur peninsular y por supuesto, no saber euskera, que se crean mucho su papel de “esta noche no soy de aquí” y que escuchen atentamente lo que nuestros borrokitas tienen que decirles en nuestra lengua vernácula, que suele ser lo que a una chica de San Sebastián no le dirían por lo menos hasta la noche de bodas. Todos queremos, pero hay algo que no nos deja. A mí me gustas, pero es que a mis amigos también les tienes que gustar (puede ser que Euskadi sea el único sitio de España en el que los amigos son todavía más coñazo que la familia del cónyuge). Además, bastante de primera mano, sé que hay borrokas que se mueren por hacerse a pijas, y viceversa. Pero ay de ti si verbalizas esto.

Y cuando entran en juego los hombres, entonces sí. Ahí es cuando tu relación con Donostia y los donostiarras pasa del amor/odio al odio/odio (copyright Wallyweek). Lo mejor que te puede pasar en este sentido es tener PUEBLO fuera de Vascongadas (y eso que en los pueblos también hay niveles altos de presión social, pero vamos, nada que ver). Ya era tal el agobio que cuando me fui a estudiar a Pamplona (que en lo estrictamente social para las personas originarias de allí ofrece unos ritos parecidísimos) y podía tener dos o tres grupos de amigos distintos dependiendo de lo que me apeteciera hacer, me relajé y fui feliz, y no importaba mucho de dónde era no sé quién si quería liarme con él o si hacía FP. Adiós protocolos incomprensibles, adiós “a toda la clase le tiene que parecer bien lo nuestro”. La expectativa amorosa del o la donostiarra es tener una relación con otro u otra donostiarra. Todo lo demás quita puntos de donostiarra. Una alemana cañón que conociste de Erasmus y con la que te decides a establecer una relación un poco más formal es un ente externo, como nos decían ayer en Norma Jean, para tu familia y amigos, y la chavala, que vendrá a la ciudad encantada viendo lo bonita que es y todo eso, pasará en pocas semanas a sentirse como un pulpo en un garaje, y eso sin que la traten mal, porque insisto, los donostiarras no somos maleducados. Los noviazgos, como decía arriba, son eternos, en muchas ocasiones alargados innecesariamente porque si ya te cuesta ligar con uno, imagínate lo estresante que es plantearte dejarle para intentar conseguir otro, y sobre todo otra. “Mi novio de toda la vida”. Ligar, que debería de ser algo que nos gusta no es algo placentero para muchos hombres en San Sebastián, parece que es un trámite tipo darte de alta en autónomos, algo que hay que hacer porque más o menos NO SÉ QUIÉN espera que te juntes con otra chica, pero eso sí, que no sea de sitios demasiado exóticos como Huelva. He llegado a tener momentos de pensar que los donostiarras no se enamoran, sino que buscan relaciones más o menos ‘convenientes’, de ésas que no molesten mucho a su modo de vida ‘tradicional’ de cenas en sidrería los primeros fines de semana de enero. Las parejitas que se van de puente a Benidorm o a Formigal para desconectar, pero que se encuentran con más parejas donostiarras, identificándose mutuamente mediante sus sudaderas de Loreak Mendian. La sensación de unión a base de una cuenta vivienda común en la Kutxa (ahora Kutxabank). Ay.

Pero si me hubiese limitado a intentar ajustarme a esa vida donostiarra idílica, inmaculada, de pintxos los domingos y tardes en familia en La Concha y Tamborradas de tu barrio y nueve por ciento de paro y colas kilométricas para comprar helados que comemos mientras vemos los fuegos artificiales de Semana Grande, no me habría dedicado a robar masa para hacer churros en Estella para tirársela a mis amigos a las 9 de la mañana, ni me  habría llevado a casa una señal de una rotonda en Pamplona, con el palo y todo, ni me habría sentido atraída por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el norte de África (según en qué lado del espectro social, incluso podría haber terminado atentando contra ellos), ni me habría permitido el lujo de abandonar mi trabajo un verano porque sí y porque me daba la gana e irme a Ibiza, ni me habría puesto hasta el culo de comida asiática en Tanger, ni habría cantado Joy Division en medio de la nada en una caravana en Connemara, ni habría invitado a guiris a chupitos de patxaran en Barcelona, ni hubiera descubierto la mística de los chándales, ni habría tenido jamás la sensación de que mi vida me pertenecía, ni habría ganado nunca la seguridad para pensar que la gente va y viene. Y como siempre hubiera habido alguna piedrecita que habría impedido el encaje perfecto que sólo el que llega a ese nivel de 100% de ñoñostiarrismo, mi existencia habría terminado siendo un pozo de auténtica frustración, un quiero y no puedo.

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Acerca de nayermaster

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3 respuestas a SS

  1. Benito dijo:

    Grandioso. En cierta medida Como en logroño, creo que es un mal comun a todas las ciudades de menos de 200-300 habitantes. Con la particularidad donostiarra de ñoñostiarrismo, y claro, que es la mejor ciudad del mundo 😄

  2. Acabo de descubrir el blog a través de tu cuenta en twitter, parece mentira que este post solo tenga un comentario, es brutal la descripción de la cuadrilla ,juas.

    Como bilbaino también conozco la problemática, aunque en Bilbao los pijos son menos pijos y los borrokas menos borrokas, y en una ciudad más grande se puede ir por la calle sin que te conozca todo cristo.

    Y ahora vivo en Oviedo y veo que es un poco lo mismo, no te creas…con la ventaja de que lo veo desde fuera.

  3. Eva dijo:

    Hola me ha traido muchos recuerdos, voy todos los veranos y todo sigue igual. Yo hace 23 anos que sali de Donosti, ah y fui al Colegio Belen.

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