Los community managers y yo: una historia de violencia

Cuando estamos viendo la tele juntas y le digo a mi madre que he identificado a un compañero de Facultad en los títulos de crédito de algún programa, o siendo entrevistado, o que le han dado un premio, o que me he enterado de que está de jefe de prensa de algún grupo parlamentario, normalmente ni le miro a la cara, porque ya sé que no lo va a expresar con palabras, pero va a poner un gestito acusador como diciendo: “¿Y por qué no estás tú ahí?”.

Y no le falta razón. Quiero decir, en mi caso no puedo echarle la culpa ni a la sociedad, ni a la crisis, o no del todo. El 80% del peso de “no estar ahí” recae sobre una serie de malas decisiones que tomé en su día –vamos, desde el primer día de la carrera hasta hoy, y de las que no me arrepiento casi nada-, mezcladas con mi inutilidad haciendo contactos –ése que me puede dar el trabajo es el mismo que siempre me cae mal, y soy incapaz de disimularlo- y mis escasas habilidades técnicas que mis compañeros de radio recordarán con cariño. La coyuntura económica puso el marco, el otro 20%, pero poco más.

La ralea que empezó, como en mi caso, la carrera en los primeros dosmiles vivió con mucha intensidad el Prestige, el No a la Guerra, luego el 11M… Una serie de acontecimientos de alto voltaje profesional y –supongo que para los informadores implicados- enorme desgaste emocional. Periodista y persona eran uno. Y quiero pensar que la mayoría de los que entraron en la Facultad a la vez que yo lo hicieron por el afán de tener un trabajo que no fuera un medio sino un fin, un modo de no pasar por la vida de puntillas. Aunque sé que a veces cansa y uno tiene ganas de mandarlo todo a la mierda y montar un chiringuito en la playa.

Y bueno… se generalizó internet, que hizo el trabajo más fácil y había que patear menos y nos desromantizó bastante a todos, llegaron las primeras prácticas, las parejas, las hipotecas. Y el trabajo era irremediablemente medio, y convertirlo en fin dependía bastante de uno mismo, y no todos valíamos para eso. Nos volvimos –y demos gracias, porque al final la mayoría de los informadores no son héroes, aunque algunos machaconamente nos recuerden sus batallitas-, más prosaicos. Y esto no está mal, porque la mayoría nos dedicamos a contar historias mundanas. Tan necesarias como triviales. Y a muchos nos gusta que sea así. Pero hay gente que parece olvidar, deliberadamente además, que hay que saber contarlas.

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Se empieza con el RT para darme a conocer y… bueno.

Y no, yo ya nací escéptica y no tengo esa visión romanticona del periodismo, de reporteros de  internacional que van a cubrir catástrofes y que ven a sus hijos un día al mes, y llegan de noche y lo poco que pueden hacer es darles un beso cuando duermen; y entiendo que un periodista puede equivocarse, y enamorarse, y enfermar, y que por mucho que le guste su trabajo es un ser falible y no disponible las 24 horas salvo condiciones tremendamente excepcionales.

Un buen trabajo tiene que estar bien pagado. O al menos pagado a secas, porque a veces ya ni eso. De ahí todo el daño que han infligido las pasantías gratuitas, el RT para darme a conocer, mi puto blog, rogamos difusión, las colaboraciones y demás historias, en el que ese mensajero invisible pero contundente que –en mi humilde opinión- ha de ser el periodista se erige en el protagonista, deja de mirar por la calidad de lo que escribe y de preocuparse mucho por cuánto de visible es su cara. Y de ahí a la proliferación del tertuliano CUÑAO hay nada y menos. Y cuando los de arriba han dicho que si podemos tirar de gente sin –apenas- cobrar lo vamos a hacer, nos hemos puesto muy #periodigno #gratisnotrabajo #sinperiodistasnohaydemocracia y demás hashtags de mierda. Y eso habiéndolo aceptado de muy buen grado nosotros en primer lugar. La última oportunidad para salvar el culo sería no cubrir hoy la comparecencia de Rajoy, pero creo que no va a ser algo ni mucho menos general y se va a quedar en otro bonito hashtag para contar a los nietos y hacernos los indignados. Pero no, pasaremos otra vez por el aro de la España cutre, servil,  de los 4.000 euros en confeti. Lo sabemos ya.

Teniendo en cuenta que, a pesar de la destrucción de empleo en el sector, la inmensa mayoría de mi promoción trabaja, el fallo está en mí, claro. Bueno, o no. Porque a lo mejor lo que pasa es que por primera vez lo que siento, lo que pienso, en lo que creo y lo que finalmente hago se han convertido en la misma cosa: en la negación de mi propia profesión. Llevo varios días pensando que mi profesión ya no existe. Mi única reacción consiste en no practicarla –ni tener muchas ganas de hacerlo ahora mismo, siendo sinceros- y casi en no consumirla. No puedo hacer mucho más. Todas estas nuevas “ocupaciones”, que han surgido al albur del 2.0, que al principio era muy bonito porque hablaba de ‘periodismo ciudadano’ y cosas por el estilo han ocupado su lugar.

En algún momento no sé qué pasó, ni cuándo, ni qué cojones estaba haciendo yo entonces (supongo que siendo feliz), y surgieron como flores en mayo los social media analyst, los e-branders, los community managers, los freelance part-time (bonito eufemismo para decirnos que estás parado full-time)… Miren. Es que no. A mí no me sale ser estas cosas. Y eso no quiere decir que yo lo que quiera sea ir a Afganistán. Yo no quiero aprender a posicionar mi web muy arriba ni a crear humo o ‘valor de marca’ (a vosotros no sé, a mí me sigue gustando más lo que se puede tocar) bajo el pretexto de dar una información a un lector cuando realmente lo que le voy a llevar a hacer es a meterse en mi página para que vea anuncios. Cierto es que cuando sólo había periódicos en papel no estábamos seguros de si se leían la noticia entera con el café y los churros y tampoco les poníamos una pistola en la sien para que lo hicieran, pero se escribían cosas tan bien hechas como ésta, algo que ahora me parece impensable. Está, en cambio aflorando una especie de “tecnicidad” con nombres en inglés asociada a unos contenidos de mierda y a unas prácticas profesionales bochornosas (y no me refiero exactamente a equivocarse, ya he dicho arriba que somos, sobre todo, falibles) que me han hecho dejar de creer en esto que se suponía que yo tenía que estar haciendo, mucho más allá de la escasez de puestos o de la remuneración de los mismos.

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No sé, veo muchos eventos, a los que es imprescindible asistir arreglao pero informal, para no salirte del “circuito”. “Que me vean”, viene a ser la idea de fondo;  mucho marketing, muchos congresos de mierda que sirven para que ellas se vayan de compras y ellos de putas, muchos coleccionables, muchas cartillas y 20 cupones para llevarte el giratortillas del Barça… Inhibiéndome acerca del complejísimo tema de los modelos de negocio y de si la gente está dispuesta o no a pagar por información a estas alturas, mi concepción, supongo, más “proletaria” de la profesión –cierta distancia con los jefes, no ir con el jefe a ‘Gin & Journalism’ y otras mierdas, cierta idea acerca de la obtención de los dividendos, que el sueldo nos va en ello, pero sin obsesionarse-, me impide comulgar con estas nuevas tendencias. Y no lo digo con pose afectada ni mucho menos. Es que, de verdad, yo quiero creer muy fuerte en este nuevo mundo de consultores SEO y SEM, igual que quiero enamorarme de un ingeniero de Telecomunicaciones con vehículo propio y contrato indefinido. Sería mucho más fácil no tener que pensar qué hacer a partir de ahora. Pero no me sale.

No sé, empiezas un cursillo y te dicen que si no sabes Dreamweaver estás muerto. Cuando has aprendido Dreamweaver te dirán que Final Cut, después vendrá otra cosa. Y que si Quién se ha llevado mi queso y que si tal (libro de infausto recuerdo éste). Intentaré seguir la corriente de la actualización permanente, y eso me llevará a estar angustiada todo el tiempo. Y no puedo pasar por ahí. Pero es que el problema de fondo está en que, de verdad, puede hablar conmigo personalmente Pedro J. Ramírez para que me suscriba a Orbyt, pero yo no creo en este modelo que se nos viene encima. A mí no me importa ser la primera en saber algo, me importa conocerlo bien. Pero creo que somos una especie en extinción los que pensamos así.

Y aquí me ven a mí, en plena travesía del desierto pensando en creer en algo a lo que destinar los cuatro años que pasé en Pamplona. Y llevo ya un tiempo muy largo sin respuesta, un tiempo que cada día que pasa es más difícil de justificar. Porque aquí todos queremos dar un sentido a nuestra biografía y una todavía se niega a que buenos momentos como correr con el portátil hasta el estudio de radio para leer cosas directamente de la pantalla porque la impresora se había estropeado o los trillones de litros de café consumidos durante el proyecto fin de carrera, y malos momentos como la infumabilidad de las clases de Empresa Informativa o discusiones a degüello con “las jóvenes de la perla” ™ se pierdan por el sumidero. Pero yo así no puedo.

Siempre está la opción de adornar nuestra trayectoria para que quede bonita en la solapa del potencial libro que escribiremos, diciendo que con ocho años los Reyes nos trajeron una máquina de escribir, o que llegábamos tarde a clase porque de críos leíamos todo lo que caía en nuestras manos, parte trasera de los paquetes de cereales incluida. Y hacer que todo quede muy vocacional, muy predestinado. Precioso. Pero la realidad es que tenemos cronistas cojonudos metidos a community managers. Mamá, yo no quiero ser e-brander. Parad el Periodismo que me bajo.

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Acerca de nayermaster

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8 respuestas a Los community managers y yo: una historia de violencia

  1. Veo que ese desanimo por la actualización esta relacionada con la mierda de modelos de negocio que están por venir, pero ¿hasta que punto crees que es necesaria la actualización permanente, si los modelos de negocio fueran más serios?

  2. juan dijo:

    Cosa rara es el leer algo con un poco de pensamiento autocrítico en un momento que el devenir de las cosas lo que desde luego si nos da son razones para culpar a todo lo que sea menos a uno mismo.
    En el periodismo como en todo tipo de carreras se generó una inflación de titulados y pero que eran absorbidos por la expansión de puestos públicos tipo gabinetes de comunicación incluso en ayuntamientos medianos y por nuevos medios financiados por era dorada de la publicidad, la de las promociones inmobiliarias a precios millonarias. Vamos, nuestra época “cortisona”, enmascara los males pero es en sí misma un mal.

    Respecto a tu gremio, yo sólo tengo el “primo periodista”, el que acabó segundo de su promoción y pasó de presentarse a las oposiciones de Canal Nou, de buscar empleo en periódicos, y montó un periódico local que salía y sigue saliendo los sábados. Aquello parecía una falta de ambición, y mira por donde, con sus dificultades, él sigue con el periodismo, eso da para 5 empleos, se combina con tareas de comunicación que hace la misma empresa, mientras hoy ve cientos de sus compañeros después de 15 años de muy buen sueldo ir a un ERE (el de la tele valenciana) y que no saben que harán en el futuro. Ya lo dijo Al Pacino en Esencia de Mujer, siempre se sabe donde está el camino correcto, pero es el jodidamente más duro.

    Y no, la solución no pasa por los ingenieros de telecomunicaciones (que también tenemos una crisis, devaluación profesional, y hay demasiados para el empleo de calidad del sector que generamos) ni por esperar la lotería de “meter cabeza” en un medio y una vez ir subiendo y acabar siendo tertuliano ubicuo, estando en 3 cadenas el mismo día, eso sí, siempre con el iPad con Wikipedia a la vista.

    Imagino que habrá que inventar nuevos formas de poner en valor los conocimientos que tienen los periodistas y expertos en comunicación, si bien la primera generación de “ese cambio” es un poco cutre buscando colaboraciones dospuntoceristas gratis y tareas más de mamporrero social o community manager.

    Yo quiero creer que en el futuro habrá medios online que se financien con 50 euros al año y que sólo con 10.000 fans de 3 euros al mes (2 cervezas) quieran leer las noticias contadas por gente que les gusta como escribe (o por estilo o por posicionamiento o por tratar un tema muy especializado). Medio millón de € daría para 6-7 sueldos buenos postburbujiles y los gastos.

    A quien le toca la generación bisagra o de choque le toca en cierta forma malvivir. Obviamente las primeras sufragistas se debatían entre una cómoda vida burguesa y dejar la lucha a las hijas, o ser ellas las “raras” que empezasen la batalla. Lo mismo con la generación de Luther King, muchos se debatían ente incipientes oportunidades educativas que permitían el ascensor social individual o pelear arriesgando hasta la vida por conseguir un montacargas social para elevar todo un grupo social.

    Al final, tanto periodistas como esas generaciones de sobretitulados están/amos condenad@s a ser una generación de choque donde apretando los dientes construya un nuevo marque donde se tenga cabida.

    • Elena Moreno dijo:

      Estoy totalmente de acuerdo. Mi visión es más esperanzadora. La tragedia la veo en los medios politizados, en todos los que he trabajado ha sido difícil defender la autonomía y ética periodística.

      Internet abrió la veda al dospuntocerismo de pseudo-periodismo´-marketiniano, cierto. Pero también, ha dotado de las herramientas necesarias para realizar el periodismo independiente que muchos hemos anhelado. Canales de tv online, radios online, blogs, etc.

      Todo a nuestra disposición. Por eso, paso de tener alma de víctima. No me va. Qué triste la situación de los periodistas, que si antes los tiempos eran mejores, mejores? En qué? Las redacciones tradicionales estaban intoxicadas por el político o el empresario de turno, en esta España guerracivilista, dónde eres rojo o azul o no hay tu tía. Los periodistas más bien parecían y siguen pareciendo reporteros don dotes de actor de barrio Sesámo a merced de la agenda setting.

      Ahora van todos a las calle, cómo yo en su momento, claro. Y nos quejamos, pero a ver, es que acaso eramos el garante de la veracidad y la ética profesional?. Muchos lo intentábamos sí, pero nos costaba. Seguíamos secuestrados, padeciendo el síndrome de Estocolmo con los poderosos.

      Arriesgar en la red es el primer paso. Felicito a tu compañero que decidió abrir un diario digital y vive de ello. El otro día realicé una entrevista para una radio. El sueldo que me ofrecieron fue rídiculo, me ofendí, exigí al empresario de turno el salario que yo creía que debía cobrar. Me dijo que era imposible. Me largué no sin decirle cuatro cosas. Al día siguiente, Clara, una chica periodista de otra ciudad ya se había rendido a los pies de este empresario e ilusionada presentaba un informativo por el que no le iban a pagar ni para llenar la nevera en un mes. Pero ahí estaba ella tan dichosa y altiva como estúpida, claro.

      Tengo claro que si no pagan, prefiero vender tomates. También, tengo claro que si voy a trabajar para el medio de algún empresario explotada o bien pagada pero censurada, también, me iría a vender tomates. Si todos los ciudadanos de este país pensasen con convicciones, fueran del gremio que fueran, estoy segura de que otro gallo hubiera cantado. Pero no, en España impera la moral esclava, es la ganadora, la triunfante, y así la mediocridad flota, mientras se ahogan aquellos que por lo menos alguna vez, nos hemos parado a reflexionar, qué cojones estamos haciendo con nuestras vidas. Aunque esto ya debe estar superado, porque a mí, si me ven que me vean, yo sigo con mi tarea chichiboy.

      Saludos compañeros. Es una alegría encontrarse con estos blogs, comentarios y artículos.

  3. deploreibol dijo:

    Bravo. Si hubiera más como tú, el periodismo no habría llegado al punto de degeneración en el que se encuentra. Entre el señuelo de las nuevas tecnologías (que no están mal, pero que ciegan la visión de muchos), la proliferación de farsantes, impostores y demás “expertos” en lo digital que sólo venden humo (y mal contado) y una estructura empresarial que favorece al pelota, al chivato, al mierdoso, al que quiere contar las cosas deprisita (aunque no estén verificadas) y demás subespecies, la crisis del periodismo se explica por sí sola. Mucho ánimo; el panorama es desolador, pero yo espero que al final se imponga la gente que, como tú dices, no le importa ser la primera en saber algo, sino saberlo bien.

  4. bakenhoff dijo:

    Me parece una reflexión muy comprensible. En un momento tan complicado para el periodismo da la sensación de que se ha cumplido el “si no puedes con tu enemigo únete a él”, y ha tenido lugar una pseudo-fusión entre periodismo y nuevas tecnologías repentina y seguramente poco meditada. Una cosa está clara, el camino lo tenéis que recorrer juntos, y aunque ahora mismo las salidas profesionales no te parezcan serias o a la altura de lo que esperabas, estoy con lo comentado más arriba: somos la generación bisagra que conduce a lo que deseas tener. Y sí, es una putada ser esa y no otra, pero nada puede hacerse por cambiar eso. Lo que sí podemos hacer es aprovechar nuestro tiempo de la mejor forma posible.

    Suerte =)

  5. Jaime Buelta dijo:

    Creo de todas formas que hay cacao impresionante (por parte de las empresas, principalmente) sobre qué es cada cosa…

    Está por un lado el departamento de PR (relaciones públicas) que “sueltan cosas hacia fuera de la empresa”, y por otro lado el de atención al cliente, que “captura cosas hacia dentro”. Los Comunity Managers son (o deberían ser si no queremos volverlos locos) atención al cliente, si queremos 2.0. ¡Ojo! Que es algo importantísimo para una empresa… Pero es que son lo que son, gente que debe conversar con los clientes (les llamamos followers, para para una empresa, o son clientes o son clientes potenciales) y darles solución a sus problemas y canalizar sus quejas para que quien sea esté informado de “qué se cuece”
    En fin, mi opinión es que alguien con la formación de periodista así al azar puede que más o menos encaje para PR, pero para Comunity Manager, pues pasa lo que pasa. Se termina enviando mogollón de tweets chachis, pero no se tiene cintura y no se sabe qué hacer para cuando la gente te contesta…

    Luego está el tema “posicionamiento personal”, que es otra historia totalmente distinta, y sí es para periodistas. Para CM me dirás, si al final la marca es la de la empresa. Pero claro, sólo funciona si se tiene claro a lo que se va y uno se especializa. Y, si además de dar la barrila, aporta contenido relevante para ese tema, pues puede tener sentido. Hay fantasmones por ahí que lo que hacen es el ridículo directamente.
    Un par de ejemplos de este posicionamiento que me vienen a la cabeza: Luis Alfonso Gámez (@lagamez), en temas de escepticismo y Ángel Jimenez (@angeljimenez) en tecnología. Son gente que los sigo A ELLOS, no a sus periódicos o radios (trabajan ambos en distintos medios, por cierto). Si se cambian de sitio, pues me cambio, porque lo que me interesa es lo que me comentan. El 90% de lo que comentan es sobre “su libro”, que es por lo que los sigo, y da igual si el blog lo tienen en DreamWeaver, WordPress o Front Page. Hay mucha, MUCHÍSIMA consultolabia en el mundo de la tecnología, y aplicada al periodismo se reduce a escribe cosas relevantes y que sean fáciles de encontrar. Eso es el 98% del SEO.
    En fin, yo sigo también de hace mucho a Andrés Pérez (@marcapersonal), que hace temas de Marca Personal, y lo que más me gusta es que dice que lo primero y fundamental es contar algo útil y relevante. Después ya hablamos de darle visibilidad, pero dar visibilidad a humo es estúpido e inútil a largo plazo.

    Yo creo que hace falta más que nunca buenos periodistas, pero el problema es que el modelo “voy a un periódico y me lanza” no va a seguir funcionando. Fijaté las cosas que hacen los Politikones.

    En fin, yo trabajo en tecnología (desarrollador de software) y veo todo esto, y me parece que el nivel de carcamusa y el cegarse con la tecnología, para a la vez no entenderla, es alucinante.

  6. (Sé que al final mi comentario será una mierda al lado del texto, pero por lo menos he intentado que no lo fuera leyendo el texto dos veces)

    Tiene razón aunque tengo un pero.

    A ver, se lo contaré usando mi experiencia. A mí desde niño me gustaba leer y cuando más mayor escribía algunas chorradas, y cuando tuve la oportunidad de escoger carrera me atraía filosofía o cualquier cosa relacionada con la docencia. Pero claro, ¿y si luego había una crisis o un problema de hambre? Hay que tener en cuenta que en mi familia (clase media) iba a depender mucho de mi beca para mis estudios. Entonces la cosa fue buscar algo de lo que pudiera colocarme además de estudiar, y elegí ingeniería informática, y terminé con 23 años. Ahora tengo 26 años, tengo la gran suerte de trabajar en España gracias al INEM (¡un parado que consiguió trabajo gracias al INEM y sin tener contactos para ello! #TeniaQueDecirlo xDD), y aunque queda muy guay hacer programas y esas cosas, siempre a uno le queda esa espina de “si hubiera podido…”.

    Estudiar informática personalmente fue de las peores decisiones que tomé, aunque en el plano laboral fue buena. En muchas situaciones te sientes un marciano y como que no encajas. Cuando terminé la carrera fue un gran peso quitado de encima. Pero no odio la tecnología, es más me gusta más ahora que la entiendo y ya tiene sus cosas bonitas, pero no es lo que más me llama la atención, ni siquiera tengo internet en mi móvil.

    Lo que quiero decirle, sí estudias algo que te gusta, personalmente estarás bien, pero puede que luego no encuentres trabajo. En cambio, si estudias algo que no te gusta o no te atrae tanto (y por tanto tienes que hacer lo posible para que te atraiga), encuentras trabajo pero no trabajas de lo que te gusta, y es un asco. Éste es el ‘pero’ del que le hablaba y que me ha costado estos párrafos, sí, ha perdido laboralmente, pero algo ha ganado personalmente. Es una mierda, nadie puede cambiar, de la noche a la mañana, qué le gusta o qué no. Por otra parte, no sé, pienso que en cuanto piensas en estudiar para trabajar ya ahí hay que perder en algo.

    Del tema de la mierda positivista y de “hazte autónomo, tu ideas triunfarán si crees firmemente en ellas” del horrible “¿Quién se ha llevado mi queso?”, mejor que no diga nada más, que ya me llevó un disgusto con un amigo y su mujer que creen en esas fábulas, y no quiero liarla parda aquí.

    A mí tampoco me gusta todo eso del SEO, la marca personal, el Comunity Manager,… A parte del trabajo en sí, todo ese tema de conseguir que uno/a se transforme en una marca requiere tener muchos contactos, trepar sobre los demás, además de ser de los que saben venderse. Por otra parte el tema del periodismo también requiere tener muchos contactos, saber venderse, estar dispuesto a tragar, y el estigma de cobrar cada vez menos. Aunque bueno hoy día todos los trabajadores tenemos que tragar algo para conservar el puesto.

    ¡Mucha suerte!

  7. flash dijo:

    Pero no decías que tener coche es de idiotas? Pero que el ingeniero tenga uno!!! Debe ser el feminismo…

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