Por qué es mejor una directioner que un militante del PSOE

Paradojas de la vida: en el espacio de poco más de una semana los One Direction campan por España y se celebra un cónclave (¿es un congreso?, ¿qué demonios es?) de esa mi querida militancia socialista a la que últimamente dedico niveles anormales de atención. A priori puede parecer que no tengan nada que ver, pero viendo el show que nos están proporcionando consigue que yo termine haciendo lo de siempre: establecer comparaciones estúpidas que, oh cielos, luego resulta que no son tan estúpidas. Aquí un compendio de las razones por las que me bebería un patxaran muchísimo antes con una directioner que con un militante del PSOE.

1. Tienen un objetivo común y luchan por él (no como el PSOE, que ni sabemos qué objetivo tiene y llevan mes y pico de navajazos): Es una pena tener que poner esto en negrita como si fuera una hazaña de la hostia. Hasta hace no tanto tiempo era más o menos común que, en caso de existir un mismo interés, nos organizáramos y posiblemente discutiéramos hasta MORIR para vertebrar cómo conseguirlo pero teniendo siempre en mente lo que queríamos lograr, aunque los medios divergieran. Con el paso del sector secundario -con su identidad colectiva fuerte, a veces incluso demasiado- al de servicios -con su individualización, y la glorificación universitaria (MI examen, MI nota, MI powerpoint, MI proyecto de fin de carrera) y del curro de oficina (MI departamento, MIS ventas), esa idea de que “solo no puedes, con amigos sí”, se va, tristemente, a la mierda. Entonces es cuando nace el héroe Jenaro de Gowex y acaba pasando lo que acaba pasando.
Yo sé que el colectivo puede ser asfixiante a veces, pero la soledad es mucho peor. Sobre todo, me quedo con  la idea de que están haciendo algo en común, pero a la vez, por sí mismas, lo cual contrasta con el deseo de control institucional de algunas prácticas que son convenientemente vendidas con un señuelo formativo pero que no sirven más que para ocultar lo que ya sabíamos: que la gente no puede pasar tiempo con quienes realmente quisieran pasarlo. Y, sin yo ser una persona nada familiar, sí, hablo de padres e hijos. Y hablo de esa familia que eliges que son tus amigos. El coaching emerge en la época en la que no tienes tiempo para tomarte un café con un amigo, pero aún así NO TE DA para pensar por qué no lo tienes. Por no hablar de lo antinatural que resulta que un chaval de 16 años esté en otro sitio que no sea la calle, y con más gente. “Es que es peligroso”. Oiga, pues haga algo para que no lo sea. No sé, abola los coches o algo.

Por contraposición, tenemos este bonito post en el que un señor nos explica todo lo que hizo en el PSC. Esta gente dice que trabaja para los ciudadanos pero el caso es que en el post no veo ni una referencia a una política concreta defendida, solo a relaciones personales, cargos específicos desempeñados en departamentos detalypascual y poco más y YO, YO Y YO. Se ve que ha adquirido un montón de interpersonal skills y cosas de esas así que lo mejor va a ser que lo copie y pegue en su perfil de LinkedIn. Ah, lo social. Y el bochornito de estos días de QUIERO MANDAR YO con los tres candidatos es una sitcom de proporciones impagables. Yo con esta gente no bajaba ni a la tienda de la esquina a comprar el pan.

2. Demuestran una capacidad organizativa que deja a partidos y sindicatos en muy mal lugar: Estoy tratando de buscar un podcast de Hoy por Hoy en el que Macarena Berlín entrevista a una chica que lleva varios días guardando cola para ver a Miley Cyrus en Barcelona. No lo encuentro, pero sí he encontrado esto. Lo que sí recuerdo que el modo en el que se organizaba para ir a los exámenes a pesar de estar una semana en la calle (no se trataba de la primera chica de la fila) era sorprendente, y de un cohesivo que me río yo de lo de redistribuir renta: venía la hermana, o un amigo, y en el rato en el que ella tenía que ir a examinarse, se ponían en la cola en su lugar. Estudiaba a la intemperie, decía que “no es muy cómodo”, pero el caso es que lo hacía. O bien le guardaba el sitio gente situada delante o detrás, con un respeto escrupuloso. La gracia del directionismo, cosas que pasan, está en que posibilita que familias o amigos pasen tiempo juntos en una atmósfera fuera de la habitual, socialmente deseable o pautada. Y a la vez posibilita que estés un mes fuera de tu casa porque no soportas a tus viejos, cosa que con 16 años entra dentro de lo posible. No sé, cuando se decía que OT había vuelto a reunir a las familias ante el televisor a la gente le parecía hasta bonito, y no veo una diferencia muy grande entre eso y turnarte con un primo en una fila o que tu padre te traiga algo de comer. ¿Qué es lo que toca los cojones? Que el mecanismo lo articulan chavalas (lo de que sean en su mayoría chicas escuece también) de 16 años de la manera en la que a ellas les da la puta gana. ¿Qué más? Que ellas llevan siendo felices un mes, y tú no. Y encima no sabes seguro si vas a cobrar.

Aprenderán pronto algo que a mí me costó mucho interiorizar: que cuando uno hace lo que le apetece, y no lo que se supone que por edad/situación socioeconómica/entorno cultural/género/loqueseaqueseteocurra debería hacer u otros tienen pensado que haga, llegan las pegas, las críticas, las acusaciones de poca concienciación, el deberías estar estudiando… Cuanto más pronto aprendan que la vida funciona más o menos así, más pronto se vacunarán contra ello. No, QUERIDO AMIGO tan preocupado por los valores (materialismo, capricho, etc.) que, dices, encarnan estas adolescentes. Lo que pasa es que estás muy puteado en el curro y te metes con chavalas de 16 años, valiente. Mírate eso, y si quieres solucionarlo de verdad, métete con el responsable real: tu jefe. Si vas a disparar, hazlo hacia arriba, haz el favor. Ah, no, que tienes miedo y no lo quieres reconocer.

Volviendo a la idea del tiempo, estando a la intemperie un par de meses saltándose clases y demás, las directioners desafían la idea misma de productividad, y además, en el modo en el que se organizan apenas hay pautas. O sea, tienen la capacidad de PERDER el tiempo. Poder PERDER el tiempo es la idea más perfecta que se me ocurre de privilegio democrático. Hay una división muy nítida en el mundo entre los que pueden perder el tiempo y los que no, entre los que si pierden el tiempo es para inspirarse y entre aquellos que si lo pierden dejan de ser productivos, esto es, útiles, para pasar a ser desechables y bazofia. No hay más que ver las caritas de algunas personas cuando se dan cuenta de que sin ellos y sus negocios y sus cosas el mundo sigue girando igual y el resto nos seguimos despertando por la mañana.

3. Nos retratan: jode que haya gente haciendo lo que quiere de verdad. Y si yo estoy jodido, que se jodan ellas también: Una vida exitosa, QUERIDO AMIGO, consiste en hacer lo que quieres el mayor tiempo posible, no en pasarlas putas a propósito, ver cierta virtud ahí y darnos la brasa a los demás con cuantísimo te sacrificas. “Se han saltado un mes de colegio”. ¿Y QUÉ? Hay países en los que hay muchos niños que no van al colegio, y no te hemos oído decir nada hasta que la que falta a clase es la hija del vecino. “Yo a su edad no hacía eso”. Oye, pues haberlo hecho. ¿Dónde está la bondad, lo positivo, en la postura que defiendes? Porque cuando a la gente que incide en lo que se esfuerza/sacrifica le preguntas exactamente POR QUÉ lo hace, nunca hay una respuesta concreta, sino que simplemente enarbolan ese sacrificio (no ver a tus hijos, trabajar una jartá) como bueno en sí. Organizarte para poder ver lo mejor posible a One Direction es un fin con un camino concreto a seguir para su obtención, un fin para el que necesitas a otros. Que te joda que ellas estén en la calle y tú currando y pases a echarles la culpa no sabemos muy bien de qué (este artículo es fantástico) ya es otro cantar. Para fe, devoción y fanismo irracional ya tenemos a los que hacen horas extras sin cobrar “porque estamos comprometidos a tope con el proyecto”. Y luego, claro, llegan los Jenaros y las manos a la cabeza.

4. Son más constantes que tú en el gimnasio: Asúmelo: las directioners llevan años consiguiendo al menos un TT al día. Hay gente preocupadísima (especialmente en la sección izquierda bienpensante) porque “las niñas que están haciendo cola en dos años van a votar”. 

fans tuicesJoder, PUES GRACIAS AL CIELO. Un día que si internet no es indicador de nada, al día siguiente que lo que importa es la tele. ¿Que salen en la tele o en los periódicos? Mal también. Ahora, lo de guardar cola para VER UN CADÁVER es de lo más lógico. Claro que sí.

 

5. Desafían el pejiguerismo intelectual de modo constante: creerte mejor que ellas es como presumir de tener un autógrafo de Cesc Fàbregas. Hay gente de la izquierda estándar a la que le preocupa un montón, en serio, que las directioners están “ocupando espacio público” (si todo el problema es que las directioners ocupan espacio público QUE HAGAN EL FAVOR DE DARLES UNA CONCEJALÍA DE URBANISMO). Por no comentar el artículo que dio pie al fantabuloso HT #LosDelMundoNosVanAComerElCoño, que es esta cosa de aquí en el que se mete a Ehrenreich con calzador (bueno, igual yo también hago esto), pero que confunde de nuevo a la industria (y el modo en el que se articula, que sí, coincido, es muy criticable, pero es que lleva siendo así muchísimos años), con sus consumidores, haciendo un juicio extremadamente superficial de cómo son y cómo se comportan, encasillándolas en esa categoría horrenda de los millenials que prefiere atribuir a un supuesto capricho y egoísmo de las menores algo bastante más penoso de explicar: la ruptura de solidaridad intergeneracional básica, no solo por la desarticulación del estado del bienestar -mejor dicho, su cooptación por parte de gente que no lo necesita-, sino empezando por algo más sencillo: la distribución de espacios y tiempos. Empezando por cosas tan simples como el tiempo (y el retrato) que se le dedica a la muerte de Adolfo Suárez -por seguir con lo de arriba- en los medios de consumo masivo y el que se les dedica a ellas: en calidad de fans, en calidad de estudiantes o en calidad de cualquier otra cosa. Y qué demonios, ¿cuánto tiempo lleva existiendo el fenómeno fan? ¿Es mejor ser fan de Pedro Sánchez, dios santo? ¿Era mejor ser fan de los Beatles? ¿Por qué todo este odio justo ahora?

6. La sustitución de lo viejo por lo nuevo y las flores en la basura:  Y sí, Darío Prieto, puedo conceder cierta -mucha- razón en las menciones a gente como Simon Cowell y el modo en el que intenta articular esa industria y los valores liberal-sociópatas que él particularmente defiende y como emparentan con ser muy acríticos y muy consumidores a la vez (nos hemos tragado muchos X Factor por aquí, y somos muy fans de Cheryl Cole también); pero atribuirles deficiencias en los análisis de contenido de las letras a adolescentes en pleno proceso de maduración en el que se está buscando una voz me parece, digamos, pasarse un poco. ¿Preocupación por lo social? Bien, hablemos si quieres de cómo los Arctic Monkeys (men of the people) están llevándose pelas a paraísos fiscales cuando en entrevistas anteriores han mencionado que fue el estado social el que los crió (1D tampoco se libra de esto, pues el mismo artículo habla de cómo buscan una tributación más generosa en ese paraíso fiscal encubierto que es Irlanda) ¿O meterse con Arctic Monkeys ya no porque está mal visto EN EL MUNDILLO? Por la misma regla de tres, cualquier aficionado del Barcelona es co-culpable de las movidas de Messi con Hacienda. Insisto, estas discusiones son más que bienvenidas siempre que se ataque al culpable, no al flanco débil caracterizándolo de descerebrado, que es lo que lleva haciendo la crítica cultural de este país por los menos los últimos treinta años. No creo tampoco que precisamente una publicación como El Mundo se preocupe demasiado por, resumiendo mucho, el concepto de “lo social”: recordemos que hay que desembolsar una cantidad de pasta importante para estar tres meses de prácticas ahí: lo social y lo no individualista ya tal y yo y mi paginita en El Mundo. Bueno, y un solo nombre: John Müller, un superabanderado de lo social, como todos ya sabemos. 

Y con flores en la basura me refiero precisamente a que en entornos de mierda pueden surgir cosas buenas: la mercadotecnia musical es horrible, pero nos da a las directioners, que son adolescentes y por tanto un libro por escribir. Algunas canalizarán sus inquietudes en la empresa, otras quizá en movimientos sociales. ¿Qué cojones sabemos nosotros? Todos los males del mundo a lo mejor se los puedes atribuir a personas de 90 años, no a gente de 16. Cada vez que lo hacéis, y lo hace gente de apenas treinta años, sonáis a viejo que tira para atrás. De modo contrario, puede surgir muchísima basura en cosas tenidas por todos como buenas. Pensemos en cómo trata Oxfam a esos captadores de socios que te abordan por la calle. Oxfam, que tiene como fin el bienestar de gente desfavorecida. Basura en las flores. 

7. Sé sincero, ¿prefieres un speech de Eduardo Madina, esta cosa de Pedro Tinder Sánchez (hola, tengo una alumna negra y paso tiempo con mis hijas, UUUUUH) o esto?

“No es normal que se separen de la noche a la mañana sin darnos ninguna explicación”. YA PODIÁIS HABER PEDIDO ESTO LA MILITANCIA DEL PSOE CUANDO ESTALLÓ LO DE LOS ERE. Rendición de cuentas en su estado más puro.

“Venimos desde Sevilla y hemos dejado el trabajo para estar con ellas”. No puedo pensar en una consecuencia más deseable posible que estar con tus hijos en vez de obedecer al que te paga. Y que GENTE ES GENTE, sean fans de lo que sean, hombre ya. En fin, que ojalá esto.

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2 respuestas a Por qué es mejor una directioner que un militante del PSOE

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