Os van a formar… pero bien (una historia de parcheos al paro estructural)

En 2013 las modalidades contractuales del Estado español pasaron de ser 41 a convertirse en cinco: indefinido, de relevo, temporal, de prácticas y de formación. Estuve dando unas pocas vueltas para tratar de averiguar exactamente la diferencia entre los dos últimos, y llegué a este enlace. Pero de todo lo que aquí se explica hubo un dato que me llamó poderosamente la atención.

practicas

Ya hemos hablado aquí de la situación de interinidad, vulnerabilidad y falso progreso que envuelve toda esa idea de la formación continua, que en el fondo sirve para que mientras el empleado vive en una idea de adaptación a un apasionante entorno cambiante y bla bla bla, las empresas en realidad se rebajen los costes laborales pero sigan siendo empresas, a la vez que surgen extraños intermediarios tanto en el sector público como en el privado que prometen devolverte a la rueda de la empleabilidad si caes en el abismo del desempleo. En DeC decimos, no nos cansamos, “cuidadito con las premisas sobre las que se sustenta el debate”. ¿Temporales vs. fijos? ¡Pero si tenemos un fantástico colador en estos contratos de aprendizaje de los que nadie habla!

España es bastante experta en torturar modelos contractuales y estadísticas (lo anticipamos aquí) hasta que digan lo que queremos, y por eso sabemos de sobra que el paro baja cuando la gente ya lleva más de dos años yendo al INEM y ve que el tema es un timo y deja de sellar, o ve que todo el empleo que se crea es el del profesor que le da clases para que se vuelva a emplear y se forme una especie de ficción de la actualización y la disponibilidad continuas (rueda de hámster del paro le voy a llamar a esto) o directamente sale del país. También sabemos que alargar la formación universitaria ad aeternum te cualifica para un tipo de empleo que en España ni existe ni existirá -y aquí entra el juego de la internacionalización, donde los jóvenes creen que están viviendo una experiencia internacional de la puta hostia pero lo cierto es que por muy cualificados que estén, a un país del norte les cuestan cuatro duros: a los esclavos sale mejor importarlos que criarlos-, pero que esa no es su función principal, sino que también busca que no te registres en ningún sitio que dé a entender que estás en el paro (porque claro, te estás formaaaaaaando, todavía no ha llegao tu hora). La duración media de los contratos es la que es, y esto tiene un contrapunto bueno porque la intermitencia con la que entramos y salimos del mercado de trabajo servirá para que, de una maldita vez, desvinculemos nuestra identidad de nuestro curro y desterremos la falsa sensación de dignidad que todavía hoy alguno le quiere dar, lo que es un objetivo bastante sano. No nos va a quedar otra.

Y en cuanto a esa tortura estadística que afirmábamos, ya tenemos arriba el primer remiendo: los contratos formativos iban destinados en un primer momento a personas entre 16 y 25 años, luego se vio que el colador se cerraba y chimpún, reformita y que llegue hasta los 30. Y cuando vean que a los 30 tampoco absorbe lo suficiente, pues mis dotes adivinatorias heredadas de mi afición por el horóscopo de Esperanza Gracia me dicen que se hará otra ñapa y subirá hasta los 35. Y si hace falta se sube hasta los 40. ¿No habéis visto el anuncio ese del Nescafé con magnesio que dice que los 40 son los nuevos 30 y que estáis estupendas? ¡Si encima la esperanza de vida no deja de crecer, a ver por qué íbamos a pagaros un sueldo en su integridad! En fin, eres penalizado por ser joven para empezar y puede darse el caso de que te despidan por cumplir años y tengas que falsificar tu edad como una Ana Obregón de la vida. En las características de estos contratos que hacen bueno al temporal ni me voy a detener: tres años a prueba como quien dice -despido gratis, imagino-, bajada de sueldo entre un 15 y un 25% -conozco casos en los que se paga un 60% y encima hay que pagarle un dinero a la universidad en concepto de formación, vamos, que gana dinero todo el mundo menos tú, que eres una burda excusa-, sanción en las cotizaciones a la Seguridad Social y en la prestación por desempleo, vaya usted a saber si se establece relación laboral como tal y las dificultades que plantea a nivel de sindicación.

Pero volvamos al subrayado de arriba: “De manera excepcional se incluye a los menores de 30 años -atención que os vais a descojonar en este momento HASTA BAJAR LA TASA DE DESEMPLEADOS AL 15%-, vamos, que la norma es perfectamente tuneable no solo por edad, sino por tasa de paro existente. Y claro, cuando yo vi aquello del 15% me acordé de una cosa que había leído unos días antes…

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A estas alturas ya lo habéis visto pero lo voy a plantear como una pregunta para que parezca más ridículo aún: si una entidad poco sospechosa de revolucionaria como es el BBVA dice que en una “situación normal” (ya sabéis, nuestra normalidad democrática viene a ser cobrar 700 euros y las extras en negro, si las cobras, es el modo de vida occidental que debemos proteger del Estado Islámico) el paro estructural es del 17 o el 18%, esa bajada de desempleados al 15% se va a producir… exacto…

¡En tu vida!

Y es que es esa una de las múltiples aristas que buscan: por un lado, tanto el propio contrato como el contexto social en el que se firma ese contrato son de una presunta provisionalidad. Sin embargo se cuidan muy mucho de que el “escenario destino” sea un escenario irrealizable. El paro no va a bajar del 15% (lo bajarán hasta ahí si conviene para dar cierta sensación de optimismo, con los índices se puede hacer de todo como meter drogas y prostitución para que suba el PIB pero seguir manteniéndolos en la economía sumergida. Me río yo de la contabilidad creativa de una pyme comparada con la del Estao), pero ya sabemos con qué tipo de contratación lo bajan. Como desafortunadamente tú no puedes dejar de cumplir años, se harán los apaños legislativos que sea menester para mantener este tipo de contrato en vigor el tiempo que haga falta -o sea, todo el tiempo hasta que encontremos un tipo de contrato más degradante con un mejor envoltorio-. Las estadísticas de empleo son todo menos una ciencia, tranquilos en ese aspecto. De hecho, su subida o bajada tiene mucho de acto de fe del desempleado, que deja de creer -con mucha razón- y un buen día deja de sellar.

Por otra parte, las situaciones de presunta transición se convierten en hechos consumados con su mera dilatación en el tiempo y ante el convencimiento de que “podría ser peor, podríamos estar en el paro”. Ahí también está apareciendo ya una progresiva desprotección de los desempleados, precisamente para condicionar sus elecciones y llevarlas hacia este tipo de contratos ante la eventualidad de no encontrar ningún contrato ‘en serio’. Al ser contratos formativos, por supuesto, tendrán que pagar su peaje de clases y demás, y quizá chuparse un par de años estudiando y sin trabajar hasta que tengan una certificación para estar seis meses de prácticas, volver al paro -porque son sustituidos por otra persona en prácticas-, recualificarse, estar seis meses de prácticas, volver al paro, recualificarse, etc. Ni uno de los centros formativos por los que pase esta persona cerrará, pues será convenientemente regado con dinero público, los EREs de Andalucía han sido un aperitivo de esto, y la extensión del contrato formativo posiblemente será la institucionalización y el otorgamiento de carta de naturaleza a procedimientos otrora corruptos. La persona eternamente recualificada-despedida-recualificada ya tal. Ya sabéis: la empresa y la formación -y nos van a dar mucha chicha los empresarios de lo formativo, ¡los nuevos constructores!- hay que “incentivarla”, mientras que el trabajador se ve abocado a elegir entre “lo menos malo”.

Es un poco como la metáfora de la rana y el cazo: si a una rana que se encuentra dentro de un cazo con agua le subes repentinamente la temperatura del agua hasta que hierva, se dará cuenta y escapará; si la temperatura va subiendo progresivamente, se adaptará, pero acabará muriendo. Nuestras medidas laborales son esa subida progresiva de temperatura. No vamos a morir en un estallido: estamos tolerando nuestra aniquilación y las antes contrapesantes administraciones públicas colaboran de buen grado en ello facilitando en el caso que nos ocupa procedimientos para ocupar a mano de obra desesperada. ¡Mercado de la carne!. Todos los fenómenos que ahora vemos como anómalos en el mercado laboral no son la transición hacia nada, sino que son un objetivo buscado. Ni vamos a volver a la situación anterior ni hay una situación “buena” (todo lo bueno que le quieras llamar a vender tu fuerza de trabajo) y ahora estamos viviendo una suerte de turbulenia previa y ajuste. Esto es lo que hay y lo que va a haber, esta era su meta y ya la tienen. El escenario sobre el que trabajar es este mismo.

Y nada, surgirá una industria de la formación, de hecho ya se está creando, en la que colaboran de buen grado universidades, sindicatos, entidades financieras -el principio de que cobres una puta mierda suele ser una beca del banco Santander-, centros no reglados que, aventuramos ya, se crearán al albur de este nuevo sector  que vive de la improductividad y solo busca predar de los procesos que pone en marcha la

Sin título

Becario + discapacidad: el combo de la desgravación. ¡En Cepyme dan palmas con las orejas!

Administración para regalar dinero de todos a sus amigos fingiendo que se dota a las personas de una cierta capacitación para trabajar en empresas que no necesitan gente capacitada, sino que básicamente emplean a esclavos que desgravan, etc. Es decir, vamos a ver la tradicional transferencia de rentas del trabajador a la empresa que ya ocurre gracias al teletrabajo o a tener que poner tú el coche, pero llevada un pasito más allá porque aparece un intermediario nuevo, el formador, que también quiere llevárselo muerto. Por supuesto, este tipo de análisis no lo vais a ver en la tele de manos de ningún “experto” porque la universidad y los medios de comunicación viven muy bien precisamente de estas industrias formativas, en las que contratan a sus respectivos minions trabajadores “en formación”.

Y es que en el fondo, todo el rollo de la formación y la internacionalización se parece más bien a esto.

Y finalmente está la parte del trabajo esclavo, que coincide casi milimétricamente con el número de desempleados. Pero hombre, no les van a hacer un contrato, que nuestros pymeros se nos arruinan. ¡Pobrecitos!

jjj

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